viernes, 25 de mayo de 2012


 El Fantasma del Castillo San Servando.

Algunas personas afirman que algo han visto o sentido en el Castillo San Servando.
Don Lorenzo de Cañada paseó por tierras de Italia y Flandes, pero ahora estaba en la toledana Zocodover.
Llegada la hora, los grandes portones de las murallas y puentes echaron sus cerrojos.
Ya entrada la noche, los vigilantes del puente de Alcántara informaron de unos movimientos de antorchas en el Castillo San Servando, escuchándose voces en el silencio de la noche. Pocos minutos después, los del castillo avisaron a la guardia del puente pidiendo ayuda y el capitán de estos que era Don Lorenzo de Cañada, mandó al sargento.
Tras un interrogatorio, quedaron al día siguiente para investigar con más detenimiento lo que había pasado.
Tras preguntar a los guardias del castillo y no obtener una solución de  la muerte del Alférez, decidió poner más guardianes. Nombró al joven Don Diego de Ayala como jefe de la guardia del Castillo.
Esa misma tarde el joven tomó el mando del castillo, poniendo más guardias. Transcurrieron las primeras horas de la noche sin ningún hecho que destacar, pero a eso de las doce,  tuvo la necesidad Don Diego de bajar al patio, bajando por la escalera del torreón del este, pero cuando estaba a mitad de camino, la vela que tenía en la mano repentinamente se apagó, y se desplomó inerte sobre las escaleras.
Los soldados buscaron de nuevo por todo el castillo, cuevas, pasadizos…El terror iba aumentando por el hombre que vivía en el castillo.
Al día siguiente, se  reunieron de nuevo los capitanes en el Alcázar,  y decidieron abandonar  el castillo y repartir la guardia por las murallas de la ciudad.
Durante días, el Castillo San Servando, que estaba oscuro y abandonado, era observado por cientos de ojos desde las murallas que daban al Tajo.
 Pasaron varias semanas y cuando se olvidaron de las muertes, un nuevo rumor vino a quitar la tranquilidad de la ciudad. Algunos guardias de la muralla afirmaban que una sombra aparecía en el torreón norte, todas las noches.
Nadie se atrevía a pasar cerca del castillo, incluso por el día poca gente se acercaba a las murallas que tenían tan terrible misterio.  Todos ya sabían que un fantasma vivía en el castillo San Servando.
Pasó el tiempo y algunas personas necesitaban al capitán Don Lorenzo de Cañada. Ya no se le veía por Zocodover, y muchos pensaban que se había escapado de la ciudad por miedo de tener que entrar al castillo y enfrentarse al fantasma.
Una noche en la que el viento soplaba muy fuerte y la lluvia caía sobre las piedras de la muralla, Don Lorenzo mandó abrir la puerta de Alcántara, y cogiendo una antorcha y su espada decidió a enfrentarse al fantasma.
Llegó a la puerta, pero estaba cerrada. Esperó un rato en la puerta, y al final dio dos golpes en la puerta. En el mismo instante la puerta se abrió misteriosamente.
El fantasma del Castillo San Servando no ha vuelto a verse desde que Don Lorenzo entró en el patio. Sólo Don Lorenzo supo quién era el fantasma.




CRISTO DE LA LUZ
Un día del siglo VI, había en Toledo unos musulmanes que tenían tanto odio a el Cristo que decidió hacer un plan malvado.
Su plan era, echar veneno a los pies del Cristo a si ya cuando la gente le pedía algo la gente iba a besarle los pies. Un día una mujer se dio cuenta de que el Cristo retiraba los pies y se lo dijo al cura. El cura se dio cuenta de que echaron veneno. El musulmán un día se arrepentía y decidió coger al Cristo.      
El no sabía que iba sangrando y que iba dejando pistas de que él iba metiendo el Cristo en su casa.
Al día siguiente siguieron la sangre y descubrieron que él fue el que mato a muchas personas con su plan malvado.
Luego fue encarcelado y apedreado. 

El Hechicero de Bú, la leyenda.

A medidas del siglo VI vivía en Toledo un viejo hechicero que habitaba en una cueva cercana a la ciudad.
     Desde hacía varias generaciones sus antepasados, venían preparando una pócima que protegía, daba fuerza y sabiduría a los reyes para gobernar, haciéndoles invulnerables.
     Para ello seguían un ritual, siempre al atardecer y utilizando parte de un tesoro que Alarico, había arrebatado a los romanos en el año 410. Fue en el año 653 cuando el hechicero preparaba la pócima para un nuevo rey, cuando de repente apareció un gigantesco cuervo negro y con sus alas volcó la pócima al suelo, al poco tiempo un rayo impactó en el mismo lugar, produciendo una tremenda explosión y abriendo un hueco enorme en el suelo, ante los ojos del hechicero fueron apareciendo figuras infernales: un guerrero con la mano cortada, la cabeza de un varón sobre una bandeja, una Virgen con siete alfileres clavados en su corazón...etc
     El hechicero aterrorizado se metió en su cueva, pero su terror aumentó cuando vio en sus paredes que estaban grabadas esas imágenes junto a unas extrañas inscripciones.
     Sin tiempo para reaccionar empezó a derrumbarse todo y el hechicero con todos sus secretos quedó enterrado dentro de su cueva.
     Durante 50 años nadie se atrevió a acercarse a la cueva, hasta que un día el caliente rey Don Rodrigo abrió la cueva. El hechicero y sus reliquias habían desaparecido, pero los grabados de la pared estaban intactos.
     El rey contó a su pueblo lo que vio allí y nadie encontró un significado. Estos hechos pasaron de boca en boca, a través de los siglos, sin que nadie los entendiera, hasta que en distintos años fueron ocurriendo estos hechos en la ciudad, haciendo comprender a la gente que los grabados predijeron numerosas leyendas ocurridas en la ciudad de Toledo y que ha perdurado hasta nuestros días.

                                                                 FIN 

La voz del silencio



Vagaba una tarde por las estrechas calles de la imperial ciudad con mi carpeta de dibujo debajo del brazo, cuando sentí que una voz como un inmenso suspiro pronunciaba a mi lado vagas y confusas palabras; me volví apresuradamente y cuál no sería mi asombro al encontrarme completamente solo en la estrecha calleja. Y, sin embargo, indudablemente una voz, una voz extraña, mezcal de lamento, voz de mujer sin duda, había sonado a pocos pasos de donde yo estaba. Cansado de buscar inútilmente la boca que a mi espalda había lanzado su confusa queja, y habiendo ya sonado el Ángelus en el reloj de un cercano convento, me dirigí a la posada que me servía de refugio en las interminables horas de la noche.
Al quedarme solo en mi habitación, y a la luz de la débil y vacilante bujía, tracé en mi álbum una silueta de mujer.

Dos días después, y cuando ya casi había olvidado mi pasada aventura, la casualidad me llevó nuevamente a la torcida encrucijada teatro de ella. Empezaba morir el día; el sol teñía el horizonte de manchas rojas, moradas; caía grave en el silencio la voz de bronce de las horas. Mi paso era lento, una vaga melancolía ponía un gesto de duda en mi semblante.

Y otra vez la voz, la misma voz del pasado día, volvió a turbar el silencio y mi tranquilidad. Esta vez decidí no descansar hasta encontrar la clave del enigma, y cuando ya desconfiaba de mis investigaciones, descubrí en una vieja casa, de antiquísima arquitectura, una pequeña ventana cerrada por una reja caprichosa artística. De aquella ventana salía, indudablemente la armoniosa y silente voz de mujer.
Al día siguiente, un viejo judío que tiene su puesto de quincalla frente a la vieja casa en que sonó la misteriosa voz, me contó que dicha casa está deshabitada desde hace mucho tiempo. Vivía en ella una bellísima mujer acompañada de su esposo, un avaro mercader de mucha más edad que ella. Un día el mercader salió de la casa cerrando la puerta con llave, y no volvió a saberse de él ni de su hermosa mujer. La leyenda cuenta que desde entonces todas las noches un fantasma blanco con formas de mujer vaga por el ruinoso caserón, y se escuchan confusas voces mezcladas de maldición y lamento.
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miércoles, 23 de mayo de 2012

PROFESOR LAZHAR

Pélicula de la que he leído muy buenas críticas. Es una de las pelís que tengo que ver, si alguién la ha visto que por favor la comente, pero sin decir el final que sino nos fastidia la película.